Francisco Guardado
FOTOGRAFÍAS

Como les ha ocurrido a muchos otros, también a mí el interés por la fotografía se me despertó el día en que me regalaron una pequeña cámara. El problema es que ese regalo me llegó un poco tarde, cuando ya había cumplido los sesenta y cinco años. Desde entonces, liberado tras la jubilación de otras ocupaciones, vivo enteramente dedicado a la fotografía. Me muevo en un radio máximo de unos veinte kilómetros alrededor del lugar donde resido, aunque a veces, hago excursiones en el autobús de línea a la capital de la provincia. Generalmente a las personas que retrato las tengo muy próximas y he llegado a pensar que a través de ellas puedo expresar sentimientos personales muy íntimos.

El Silencio del Cayado

Uno de mis primeros retratos –tomado en el verano de 2015– fue de un pastor, con el que me crucé en un camino. A partir de ese día los fui pacientemente buscando uno a uno hasta prácticamente completar el censo de los cabreros y pastores de oveja de la comarca Campiña Morón- Marchena, compuesta por siete municipios: Arahal, Paradas, Marchena, La Puebla de Cazalla, Morón de la Frontera, Montellano y Coripe. El silencio del cayado es una muestra de ese trabajo a partir de la edición gráfica realizada por Rafa Badía.

En las Calles de Sevilla

En los últimos tres años he pasado muchas mañanas recorriendo las calles céntricas de esta ciudad hermosa y acogedora. Al paso, casi sin detenerme, he ido retratando, una veces con su consentimiento, y otras, disimuladamente, a quienes despertaban mi curiosidad o una cierta atracción, ya fuera un mendigo, un pintor, un torero o el mismísimo papa del Palmar Pedro III.

Gente de la Campiña

Gente con carisma de mi pueblo o de los pueblos de alrededor, entre los que se encuentran una maestra, varios pastores, una saxofonista, galgueros, un agricultor, dos gemelas, el presidente de un casino mercantil, una lanera, un corredor, un tractorista, un dramaturgo, un cronista, un criador de rapaces, un cocinero, un guitarrista, dos cantaores, una chica cubana y una señora con síndrome de Diógenes… entre otros.

Quién es quién

Entre septiembre de 2018 y junio de 2019, con la ayuda de un cuaderno de notas, un teléfono móvil y una cámara, conseguí retratar, en el mismo lugar y con encuadres y ajustes similares, a unos doscientos vecinos de Morón de la Frontera, ciudad donde nací y donde resido.

Para la selección me libré de cualquier criterio que supusiese elegir a las personas por su apariencia física o fotogenia, ya que quienes aquí aparecen fueron llamados por el oficio que desempeñan o desempeñaron en algún momento de su vida. No obstante, he quedado plenamente satisfecho con la belleza promedio que emana de esta especie de directorio ilustrado de oficios y profesiones.

No puse ningún interés en captar el alma o el carácter profundo de las personas retratadas. Estos retratos están concebidos y realizados como mera fotografía de identificación –fotografías para diplomas, pasaportes, documentos de identidad, etc.– cuya función es casi puramente registral. Si, como espero, permanecen en el tiempo, lo harán por su carácter documental, no por su valor artístico.